miércoles, 2 de marzo de 2011

RESEÑA DE “DEFENSA CERRADA”, DE PETROS MÁRKARIS

El protagonista, Kostas Jaritos, es una persona bastante normal, con días buenos y malos, con momentos de mente lúcida y otros más bien obtusa, con buen y mal carácter. Es un teniente de policía concienzudo, con instinto y buen olfato para las investigaciones, pero no tiene carisma ni mano izquierda. Resuelve sus casos, pero no de manera espectacular o brillante. Sus jefes no sienten especial predilección por él, pero le toleran pues dependen, bien a su pesar, del resultado de su trabajo. Tampoco es especialmente amable con sus subordinados, pero éstos le respetan y aprecian. No le gustan los periodistas pero se ve siempre rodeado de montones de ellos, a la espera de que quiera compartir con los chicos de la prensa alguna noticia.

Incluso en su vida privada tiene estas contradicciones, por otro lado tan normales y que a todos nos suenan. Ama a su mujer, con la que lleva muchos años casado, pero a veces está harto de ella, de sus “charlas” y sus quejas.

Pero su principal virtud y al mismo tiempo gran defecto, es su entrega al trabajo, al que dedica todas las horas del día y de la noche. Cuando tiene un caso entre manos hasta sueña con él. No le deja dormir y es más importante para él que su salud o incluso su familia, de ahí las quejas constante de Adrianí, su esposa.

Vive en Atenas, en un barrio bastante discreto, y nos presenta una ciudad no demasiado mágica, sin similitud ninguna con la idílica Grecia clásica. Una ciudad con sus problemas y sus miserias. De hecho nada más empezar nos encontramos con una huelga del servicio de recogida de basuras que hace que haya que ir saltando por encima de las bolsas para poder andar por la calle.

No escatima críticas al sistema para el que trabaja y al que encuentra montones de defectos, como tampoco pretende mostrarnos un procedimiento y una organización policial infalible. En un momento en que alguien le pregunta si la policía le puede ofrecer protección contra la mafia, Jaritos contesta: “¿Es una broma?. Somos incapaces de proteger a un ciudadano. Ellos tienen más dinero y mejores recursos que la policía. Además nosotros nos vemos limitados por las leyes mientras que ellos hacen lo que le da la gana”. La verdad es que suena bastante real. Deprimente, pero real.

Critica la polución, el tráfico, la sanidad. Hasta el café. El café griego ya no es lo que era. Ahora es aguachirle en vaso de plástico, lo que él llama griego, ma non troppo. Tampoco puede permitirse el lujo de irse de vacaciones: es un policía honrado y su sueldo no se lo permite, pues tiene que hacer grandes economías para que su hija pueda ir a la universidad.

Así empieza esta historia: está de vacaciones en una pequeña isla griega, en casa de su cuñada, pues no tienen dinero para ningún otro “exceso”, cuando un moderado temblor de tierra (5,8 grados), deja al descubierto un cadáver que ha sido enterrado reciente y precipitadamente. Esto es motivo, y a su vez excusa, para dar por finalizadas las vacaciones y volver a casa.

Se incorpora al trabajo con caso incluido, el que se trajo con él, pero allí le encargan otro distinto. El asesinato de un mafioso en lo que parece un ajuste de cuentas. Un caso que nadie quiere y que le han pasando de otro departamento. Su jefe confía en la pronta solución o archivo del mismo. Quiere resultados para la prensa, con la que le encanta tratar.

No obstante Jaritos empieza a investigar y en cuanto empieza a descubrir alguna cosilla, alguna pista que nadie antes encontró, sus jefes le ordenan archivar el caso con prontitud y sin más averiguaciones.

Esto le molesta pero no tiene más remedio que hacerlo. Y sigue con el segundo caso, el que se trajo de la isla. Pero descubre que estos dos casos, siendo diferentes, tienen algunos puntos en común, pocos y apenas relacionados, pero lo suficiente para que no pueda archivar el caso del mafioso. Aquí empieza un difícil camino, investigando ambos casos pero lidiando con sumo cuidado con sus jefes, para que no le aparten también de este otro asunto.

La trama es interesante, bien escrita y amena. Se lee muy rápido, pues no apetece dejar de devorar sus páginas. Y el final es aún más interesante. No dejan de sucederse los acontecimientos a gran velocidad, completando un puzzle al que parecía que no le faltaban piezas, y por último… Lo más sorprendente de todo. Esto ya no os lo cuento.

No intuyes de ninguna manera la resolución del caso. Ni siquiera piensas en un principio, a pesar de que pueda parecer evidente, que ambos casos puedan estar relacionados. Aquí los malos y los buenos no están claramente diferenciados. No todo es blanco o negro, también hay algún gris marengo o blanco sucio. No se castiga a los malos y los buenos se salvan. Como en la vida real, algunos malos se libran de culpa y algunos buenos (o medio buenos) cargan con más de lo que deberían.

En definitiva me ha gustado bastante y me parece un libro recomendable para el que le guste este tipo de literatura.

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